Cruzados, caer y levantarse las veces que haga falta

Los caminos de Iñigo Berrogui, Alejandro Jaume, Anne Barandalla y Mario Jarauta nunca se han cruzado. Aunque hay dos palabras que los cuatro conocen muy bien, desgraciadamente: ligamento cruzado

Los protagonistas no se conocen entre ellos, pero hay varias cosas que les unen. La primera, son deportistas navarros. La segunda, sus numerosas lesiones de rodilla. Todos se han roto al menos dos veces el temido ligamento cruzado. Pero lo que les caracteriza y la razón de este reportaje es que tienen garrote. Se han caído, se han levantado, han recaído y han vuelto a levantarse con un objetivo: volver a hacer lo que les gusta

Iñigo juega al fútbol en el Lezkairu y Alejandro, a rugby en La Única. Ambos se han recuperado de dos roturas del cruzado. Hace algo más de un mes sufrieron un nuevo revés y se han visto obligados a parar por tercera vez. De momento no parecen lesiones graves. En el otro extremo, Anne, jugadora del Beti Onak de balonmano, y Mario, futbolista del Murchante, disfrutan con sus equipos. Ella ha superado tres roturas y él, dos de cruzado y otras tantas de menisco.

Como bien dice Anne: “El cruzado es el tema del día, a todos los niveles. Ni el más bueno se libra”. Seguro que en nuestro entorno alguien ha pasado por este calvario. Y es que existen Chimy Ávila más cerca de lo que pensamos

Iñigo Berrogui Morrás

Ilustración: Lucas Domaica

“Es un proceso muy solitario, si no estás preparado para ello es difícil. He aprendido a no tener miedo, hay que seguir adelante”

Desde que Iñigo Berrogui Morrás llegó al equipo regional del Lezkairu de fútbol hace cinco años, apenas ha podido jugar. Dos lesiones del ligamento cruzado y un susto con un tumor cancerígeno se lo han impedido. Este año disputó un partido en febrero y en un entrenamiento ha podido llegar la tercera rotura. Aunque es optimista: “No sabría decir si me voy a perder toda la temporada, pero tengo confianza”.

Su historial de lesiones empezó en noviembre de 2016 en un partido ante el Artajonés: rotura del ligamento cruzado de la rodilla izquierda. “Fui a cubrir un balón y en el momento que apoyé la pierna uno me empujó por detrás. Se me desestabilizó la rodilla y noté muchos cracs”, rememora el joven de Mendillorri, que estudia el máster de Ingeniería Industrial en la Universidad Pública de Navarra. De primeras no se esperaba que fuese tan grave porque en el hospital le comentaron que “no tenía nada. Que en 20 días estaba corriendo otra vez”.

En principio serían seis u ocho meses de recuperación, pero durante una de las sesiones con su fisio Javi en Zentrum apareció un problema más que inesperado. “Me encontró un bulto en el lateral del cuádriceps de la pierna izquierda. Yo pensaba que no sería mucha cosa porque mi padre tiene como una enfermedad que se le acumulan bultos de grasa por el cuerpo y es hereditario”, explica Iñigo Berrogui. Le quitaron el bulto y al mes llegaron los análisis con un buen susto. “Resultó que era un tumor cancerígeno. No todo era maligno, solo una pequeña parte. Me tuvieron que volver a operar para comprobar que estaba todo bien”. Por suerte, “al final no había nada”, dice el mediocentro de 24 años. Entre la rodilla y el tumor estuvo fuera una temporada y media.

Regresó en un amistoso en Villatuerta en agosto 2018. “Volví sin miedo”, admite Iñigo. El año transcurría bien hasta que en marzo fue el cruzado de la rodilla derecha el que le frenó de nuevo. “En un salto, justo cuando iba a apoyar me empujaron y caí con la rodilla desequilibrada”, cuenta. Lo primero que pensó fue: “Qué pereza. Estoy año y medio sin jugar y ahora que vuelvo voy a estar otros ocho meses yendo solo al gimnasio haciendo cosas”. 

Reconoce que “es un proceso muy solitario. Si no estás preparado para ello es difícil”. Y hay algo que le duele en la fase de recuperación: “Eso de bajar solo a correr mientras tus compañeros entrenan es duro. No quería ir porque le iba a pegar un tiro al balón de tanto tiempo que llevaba sin darle. Prefería salir a correr yo solo que ir a Lezkairu”.

Iñigo Berrogui (con los brazos en alto) no solo tuvo que superar lesiones de rodilla, sino también un bulto cancerígeno. Autor: Navarra Deportiva.

Sin embargo, Iñigo es muy optimista a pesar de todo lo que ha vivido. Hasta el traumatólogo que le atendió la segunda vez se sorprendió: “Me metió en un programa y mandaba encuestas para ver cómo me sentía. Y me decía: ‘¿No tienes bajones ni nada?’ Yo le decía que no. Tampoco me voy a agobiar, es lo que hay”. Retomar de nuevo un proceso de ocho meses de recuperación para el mediocentro del Lezkairu “no ha sido nada difícil. Como ya lo he vivido ya sé qué tengo que hacer y qué no”. Entre las personas que le han ayudado por supuesto su familia, pero también Javi, el fisioterapeuta, y Mitxel Izura y Jose Mari Gárriz, directivo y presidente del Lezkairu.

La vuelta de Iñigo Berrogui al equipo de Primera Regional del Lezkairu estaba prevista para marzo de 2020, pero el covid tenía otros planes. Un año más de espera. La reaparición finalmente se consumó en febrero de 2021, con el equipo en Regional Preferente. Disputó 45 minutos ante el Amaya. Un mes después su rodilla derecha hizo crac en un entrenamiento. “Joder, otra vez”, pensó.

En las primeras resonancias aún no le han podido ver bien y toca esperar unas semanas más para el diagnóstico final. “Sí que espero algo positivo”, admite. Lejos de pensar en dejar el fútbol, si le dicen que está roto y hay que operar, “pues a seguir. Al día siguiente de que me operen, empezaré la rehabilitación”. No conoce otro camino que el de volver a levantarse. 

Alejandro Jaume Cantero

Ilustración: Lucas Domaica

“No he tenido miedo a volver a jugar. Cada uno tiene que luchar por lo que le gusta”

De cuatro años que lleva jugando a rugby, Alejandro Jaume Cantero ha estado dos en el dique seco. Una doble lesión del cruzado de su rodilla izquierda se lo ha impedido. Esta temporada, el pamplonés de 21 años compite como segunda línea en el equipo de La Única de División de Honor B, la segunda división nacional. 

 “He jugado siete u ocho partidos y estaba contentísimo porque estaba a muy buen nivel”, comenta. Su progresión se rompió en un entrenamiento a principios de marzo. Los malos augurios quedaron alejados cuando le dieron el resultado de la resonancia. No hay rotura del cruzado, solo “un esguince gordo”. 

Todo empezó en noviembre de 2018. Jugaba en el Iruña y en un partido, precisamente ante La Única, llegó la primera rotura. “Me placaron entre dos y pensaba que se me había salido la rodilla. No sabía que era. Sonó mucho, pero no pensaba que iba a ser el cruzado”, relata Alejandro Jaume. Se operó en enero; temporada perdida.

Justo doce meses después, en un entrenamiento con el Iruña recayó. “Me lo hice yo solo. Hice un quiebro y se me fue la rodilla”, cuenta Alejandro. Esta vez ya se lo imaginaba, no como en la anterior ocasión, pero el resultado fue el mismo: rotura del cruzado y sin temporada.

Iba a dejar el rugby, pero decidió seguir adelante. “Vas pasando la lesión, lo ves cada vez más cerca y dices: ‘Pues igual sí que juego”. Se apuntó de portero a fútbol sala para probar la rodilla y la vio bien. Entonces, como a casi todos en este reportaje, el covid frenó sus planes. 

Tras recuperarse, Alejandro (con casco rojo) empezó jugando como portero de fútbol sala para comprobar que su rodilla estaba bien. Autor: Facebook La Única Rugby Taldea

Los procesos de recuperación han sido duros. “Para la cabeza también”, afirma. “Te operan, cinco días a rehabilitación durante mes y medio. También es difícil de compaginar con los estudios (hace ADE en la Universidad Pública de Navarra)”, explica. Cuando peor lo ha pasado ha sido viendo a sus compañeros: “Me ha pasado ir lesionado a ver los partidos y da una pena que no te la crees no estar ahí jugando. Además, en el rugby se hace mucha piña y me parece brutal”.

Esta temporada, en el Iruña no podía competir al ser un equipo de categoría regional así que cambió de equipo. Buscaba competir como recompensa al trabajo de recuperación. “Dije en el equipo que no había estado tanto tiempo preparándome, yendo al gimnasio para quedarme parado”. Las ganas de jugar le llevaron a probar en La Única y le cogieron: “Al mes, jugué mi primer partido con el equipo de Segunda División”.

Alejandro disfrutaba este año con La Única hasta que en marzo asomaron por tercera vez los nubarrones del ligamento cruzado. “Me volví loco, no me lo podía creer. Fue una pesadilla. Se me cayó el mundo encima”, recuerda. El diagnóstico del esguince supuso un alivio, pero la decisión de dejar el rugby parece definitiva: “Ahora sí. Igual ya vale. Me jode mucho, pero son tres veces”.

Aunque no cierra del todo la puerta porque “es la cabeza la que se va calentando. Puede ser que quede alguna esperanza”. Cuando recayó también quería dejarlo y dos años más tarde debutó en Segunda División. A esa esperanza seguro que se aferran en La Única para tener de vuelta a Alejandro.

Anne Barandalla Diarte

Ilustración: Lucas Domaica

Ha superado tres roturas de ligamento cruzado. El pasado diciembre regresó de su última lesión: “Siempre he tenido muy claro que no iba a dejar el balonmano”

“Aún no soy consciente de lo que he superado”. La frase es de Anne Barandalla Diarte, jugadora de 20 años del Gurpea Beti Onak de balonmano en División de Honor Plata. Lo que ha superado son tres roturas del ligamento cruzado en sus rodillas. El pasado diciembre regresó de la última lesión.  

Era enero de 2017, en edad juvenil, cuando el ligamento cruzado se unió a su vocabulario y ya no se volvería a separar. Antes no conocía nada de este tema. “Era todo muy nuevo. En el momento de enterarme fue como: ¿Qué es esto? ¿Qué me va a pasar?”, recuerda. Estaba disputando el Campeonato de España con la selección navarra y al caer después de un lanzamiento, la rodilla derecha se quebró. Sin embargo, superado el bajón inicial, para Anne Barandalla la lesión fue “como un nuevo reto. La primera experiencia fue más a ver qué pasa. No lo pasé tan mal”. Fueron siete meses de espera.

Al mes y medio de su vuelta a las pistas, la misma rodilla derecha le dio problemas. No fue un momento concreto sino que lo fue arrastrando hasta que en febrero de 2018 tomó la decisión de operar. La extremo derecho del Gurpea Beti Onak señala que romperse de nuevo fue “el palo más gordo”. Después de la primera lesión, quería cerrar esa etapa y que su entorno también lo hiciera. “Lo hace todo el mundo a bien, pero llega un momento de saturación. Te dicen que juegues tranquila, que a la mínima avises si estás mal… Yo ya estoy bien, he cerrado esa etapa: ‘Tratarme como una más’”, explica Anne, estudiante del Grado Superior de Animación Sociodeportiva en Eskola Vitae de Huarte. 

La jugadora (lugar de donde sea) empezó “muy bien” la temporada 19/20. El destino tenía otros planes y el 13 de octubre, en la jornada 5 de la liga ante el Camargo, se derrumbó todo. “Fue la primera vez que asumí en el momento que me había roto. Estaba en el banquillo y les decía a las compañeras: ‘Me lo he roto seguro. Lo sé’”.  Anne pensó que de nuevo era la derecha, pero al bajarse la rodillera descubrió que el dolor venía de la izquierda. “¡Es la otra, es la otra!”, le dijo a su compañera. Al principio se agobió porque ya no le quedaba “ninguna rodilla buena”. No obstante, analizándolo en frío no le pareció tan mala suerte porque, al ser zurda, se apoya sobre la pierna derecha cuando salta: “Tiene importancia, pero no tanto porque es la pierna que va detrás”.

En cuatro años ha superado tres lesiones de ligamento cruzado. Autor: Jesús Luzuriaga.

En diciembre de 2020 se plantó de nuevo en el 40×20 con victoria y gol. Asegura que “de momento, va bien la cosa”. Ahora pelea por el ascenso a la máxima categoría del balonmano femenino. Llegar hasta aquí ha implicado rayadas y bajones. Apenas se ha planteado dejar el balonmano, solo en momentos de debilidad: “En mi cabeza pensaba que la lesión no me podía ganar. Quien haya pasado por estas lesiones y no haya pensado en dejarlo, olé por ellos”. Ella no se ha dejado invadir por esos pensamientos, a pesar del calvario con sus rodillas: “Siempre he tenido muy claro que no iba a dejar el balonmano”.  

En total, han sido casi tres años alejada de su pasión. Le han dicho alguna vez que es un ejemplo. En momentos de estrés y agobio, se para a pensar en todo el camino recorrido para tranquilizarse a sí misma: “No veía la luz al final del túnel y ya estoy fuera. Hace un par de meses quería estar jugando y ya lo has conseguido. Vamos poco a poco”. Nunca se ha parado a buscar causas: “No he pensado que me he roto por A, B o C. Ha pasado así y ya está”. Y a seguir hacia delante.

Anne cree que igual dentro de un par de año será más consciente de todo. “Por desgracia todo ha sido tan seguido que ha sido rutinario. Como el ir a clase, pues recuperarme de la rodilla. Lo veo algo normal”. Una rutina que desea que haya escrito, por fin, su última página: “Espero haber hecho el punto final”. Ahora el reto lo tiene con su equipo, el Beti Onak. El ascenso a División de Honor está a un paso.

Mario Jarauta Ullate

Ilustración: Lucas Domaica

“Ha merecido la pena todo el esfuerzo; es todo trabajo y constancia. Llevo muchos minutos, soy titular y me encuentro bien. Quién me lo iba a decir”

Mario Jarauta Ullate disfruta del fútbol en el Murchante de Tercera División. Disfruta porque se lo ha ganado. Para llegar a esta categoría y continuar jugando a sus 30 años, ha vencido dos roturas de ligamento cruzado y otras tantas de menisco. “Llevo muchos minutos, soy titular y me encuentro bien. Quién me lo iba a decir. Eso es todo trabajo y constancia”.  Dos palabras que han sido claves en su recuperación.

Con 20 años empezó su tortuoso camino con las lesiones. Fue en la rodilla izquierda. “La primera vez eres joven y te pilla de sorpresa. No me lo esperaba”, explica. A partir de entonces, una rutina que repetiría varias veces en los siguientes años: ponerse hielo, rehabilitación y fortalecer el músculo. Aunque Mario Jarauta admite: “Como eres un crío no tienes mucha idea. No prestaba mucha atención a nada”.

“Volví a jugar y cuando estaba sintiéndome bastante cómodo, me rompí el menisco de la misma rodilla”, recuerda. Había pasado un año y siete meses desde la anterior lesión. Otra vez a parar. No obstante, Mario cuenta que “a raíz de esa operación fue todo muy bien. No tenía dolores de nada”. Tenía 22 años y ya había sufrido dos lesiones graves en la rodilla izquierda, pero la peor vino tiempo más tarde.

“Fue muy dura”, reconoce el mediocentro del Murchante. A sus 27 años estaban inmersos en la final a doble partido del playoff de ascenso a Primera Autonómica. Ida y vuelta contra la Rotxapea. El momento era inmejorable: “Habíamos hecho un equipo muy bueno, íbamos a ascender. Estaba muy bien físicamente, el ambiente era muy bueno y además estaba jugando todo”. El ligamento cruzado de su rodilla derecha se quebró entrenando: “Noté un crujido y fue duro”. El conjunto ribero ascendió y Mario estuvo en el campo, pero a partir de ahí empezó el calvario.

Mario tiene claro que el trabajo y la constancia son claves para recuperarse de las lesiones. Fotografía cedida por La Voz de la Ribera.

Salir adelante de esta lesión le ha costado: “Los plazos no avanzaban. Siempre tenía algo que no iba bien”. Además, no es lo mismo romperse la rodilla con 19 que con 27 años y se pensó dejar el fútbol: “Tengo un trabajo y hay que pedir la baja varios meses. Llega un límite en el que hay que poner en un balanza las dos cosas. De momento aquí estoy”. 

Al año siguiente, fue el menisco de la rodilla derecha el que se interpuso en su camino. No fue hasta febrero de 2020 cuando regresó a los campos. Dos partidos y confinamiento. En octubre se inició la temporada y, desde entonces, Mario ha sido titular desde el primer encuentro.

Calcula que han sido cuatro años parado por las lesiones. Eso mentalmente no ha sido fácil. “He tenido muchos momentos de bajón. Cuando vas con muletas, cuando te ves bien, te paran los pies y te dicen que aún falta un mes o dos. Ahí es cuando más he sufrido”, revela Mario. Un proceso “muy solitario” con horas de gimnasio y trabajo por cuenta propia.

Mario Jarauta es muy aficionado al fútbol y formar parte de un equipo. Es por lo que ha luchado tanto: “Llegar a las siete y media a entrenar, ver a mis amigos, echarnos unas risas y estar en un equipo. Eso es lo que me apetece, no meterme en un gimnasio con mis auriculares”. Para disfrutar como la hace ahora por los campos de Tercera, esas horas de gimnasio han tenido su recompensa. “Ha merecido la pena todo el esfuerzo” zanja. 

APRENDIZAJES

En este último apartado, los cuatro nos cuentan qué han aprendido en este tiempo de lesiones, recaídas y recuperaciones. A ellos les ha tocado con las roturas del cruzado, pero a todos nos va a tocar caer y levantarnos en nuestra vida. No se consideran ejemplos, pero cualquiera diría que supera tantos problemas de rodilla y vuelve a jugar.

Iñigo Berrogui

Sin apenas momentos de bajones, Iñigo Berrogui cree que sí se ha hecho más fuerte en el aspecto mental. “Mis amigos se quedan flipando. Cuando tuve la tercera lesión era un día a las 9 de la noche. Mis padres no me podían llevar a urgencias y llamé a un colega para que me llevase. Se quedó flipando de que me había pasado otra vez. Me preguntaba a ver si estaba jodido y yo le decía que sí, por supuesto. Pero que tampoco pasa nada, me ha pasado y no le voy a dar más vueltas”. 

Asegura su trayecto con las lesiones se lo ha tomado como “un aprendizaje de caerse y volver a levantarse”. Si le toca dejar el fútbol “no pasa nada, hay otras cosas con las que disfrutar”. Pero el jugador del Lezkairu no duda: “He aprendido a no tener miedo. Si quiero jugar al fútbol nada me lo va a impedir. Hay que seguir adelante”.

Alejandro Jaume

Alejandro Jaume considera que “el sufrir, estar todos los días trabajando la pierna, yendo a rehabilitación sí que me ha podido hacer más fuerte mentalmente”. El aprendizaje más claro que ha sacado de sus lesiones es que “cada uno tiene que luchar por lo que le gusta. Si te gusta una cosa, inténtalo todo lo que puedas”. 

El jugador de La Única cuenta: “No he tenido miedo a volver a jugar, pero hay mucha gente que sí y no vuelve por eso. No creo que haya que tenerle miedo”. Lanza un mensaje de ánimo a aquellos que están pasando por su primera rotura: “Por romperse una vez no pasa nada”. Y sentencia: “Hay que tener mucha mala suerte para que nos pase lo que a nosotros”.

Anne Barandalla

Después de tres procesos de recuperación, Anne Barandalla saca muchas lecciones, pero la más importante: “Me he conocido a mí misma. He sabido que si me lo propongo, puedo conseguirlo”. Caer y levantarse, de eso se trata. Además, con respecto al deporte, ahora admira más todo el trabajo que hay detrás: “A veces el entrenador se lleva todo el mérito, pero también están el médico, el fisio o el segundo 2º entrenador, que también puede hacer de psicólogo, y las amigas”. 

El aspecto mental cree que se debería trabajar “muchísimo”. Es un ámbito más del deporte: “Lo veo como un entrenamiento más. Debería haber un entrenador más, un psicólogo deportivo”. Y así lo ejemplifica: “Te han podido enseñar a hacer una sentadilla, pero no cómo superar cosas en tu cabeza”. Con su bagaje de lesiones, ha aprendido a “valorar las cosas. Es lo más chocante y a veces doloroso. Hay gente que no valora el momento de disfrutar entrenando y jugando. Ahora no me verán nunca diciendo: ‘Qué pereza, ahora entrenar’”. Cuando escucha eso, la extremo del Gurpea Beti Onak piensa: “Ya te digo yo que si estuvieras en mi situación no dirías lo mismo”.

Mario Jarauta

Mario Jarauta, el más veterano, incide en “ser constante en lo que te gusta y dedicarle mucho a lo que haces. Si no te gusta, vete a otra cosa”. Echando la vista atrás se lamenta porque tenía que haberse cuidado “la alimentación y el trabajo específico”. A gente como Iñigo y Alejandro, que han caído por tercera vez les diría: “Todo lo que hagan día a día es poco. Se puede hacer más. Que se cuiden muchísimo la alimentación y el descanso. La gente que ha recaído, si necesita un consejo yo estoy aquí para ellos y para todo el mundo”. De hecho, un juvenil del Murchante se lesionó de gravedad y le estuvo animando y dando indicaciones de qué hacer y qué no: “Me gusta aconsejar por lo que he vivido yo, por mi experiencia”.

El mediocentro del Murchante opina que la cabeza viene bien trabajarla para decir: “Aquí estoy yo, me lo he ganado y tengo que seguir hacia delante”. Él lo tiene claro tras cuatro años parado por las lesiones: “A nivel mental es poner en una balanza ¿A mí qué es lo que más me llena y me gusta? Si te gusta  jugar al fútbol, rugby, balonmano, tenis, pádel… ¿Eso es lo que te gusta? Pues adelante”, resume Mario.

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