“Yo nunca… Me he ido de Erasmus en pandemia”

No sabes jugar al beer pong hasta que te vas de Erasmus. Muchos son los tópicos de esta experiencia que viven los estudiantes cuando se van de intercambio al extranjero para vivir una etapa distinta dentro de la vida universitaria. Este año ha sido distinto hasta para los intercambios y muchos de ellos se han visto cancelados. No obstante, Aritz Santamaría Sorbet, Juan Uriarte Barragán, Elena López-Dóriga Zubeldia, Eduardo Idoate Doménech y Teresa López López han tenido la suerte de poder vivir esta experiencia dentro de este atípico año. Coinciden en que el Erasmus es una de esas oportunidades que no hay que dejar escapar para vivir experiencias distintas

Juan Uriarte Barragán

Reside en un piso de estudiantes a las afueras de Helsinki: “En septiembre parecía que el covid aquí no existiese, nunca me planteé cancelarlo”.

Juan Uriarte Barragán, de 22 años, estudia cuarto de Ingeniería Informática en la Universidad Pública de Navarra. Helsinki era la primera opción del estudiante navarro para cursar su Eramus. “Veía que los Erasmus de algunos amigos se cancelaban, pero yo estuve desde antes mirando cómo estaba la situación por el covid allí y al no estar tan mal, en ningún momento me planteé cancelarlo”, cuenta.

Desde enero, Juan Uriarte reside en un piso de estudiantes en Pasila, a las afueras de Helsinki junto con un amigo de Pamplona, tres alemanes y un francés: “Estuve hablando con un chaval que estuvo aquí el año pasado y me dijo que en Pasila era donde más vidilla universitaria había”. La decisión de instalarse en esa zona también se vio motivada por la docencia a distancia. “Al tener todas las clases online, creíamos que íbamos a sentir más el ambiente universitario”.

Las restricciones en el país nórdico comparado con España es el día y la noche. “En el cuatrimestre de septiembre me dijeron que parecía que el covid aquí no existiese”. Prueba de ello era que “podías ir a bares y discotecas y la mascarilla no era obligatoria”, excepto en el transporte público. Sin embargo, según apunta Juan, la situación ha dado un giro: “Desde hace un par de semanas han cerrado los bares, pero sigue el ambiente relajado y las mascarillas siguen sin ser obligatorias”.

Juan Uriarte: “Desde hace un par de semanas han cerrado los bares, pero el ambiente sigue relajado en Finlandia”. Foto cedida por Juan Uriarte.

En cuanto a las clases y su exigencia, Juan comenta entre risas que no sabe si su universidad “es rara o elige bien sus asignaturas” porque solo tiene dos días de clases. “Somos buenos estudiantes, pero es verdad que haciendo menos esfuerzo que en Pamplona, hemos obtenido los mismos e incluso mejores resultados”, admite.

La fiesta de Helsinki no se queda atrás en relación con otros destinos de intercambio.  “Hasta hace dos semanas las discotecas estaban abiertas. Lo que hacíamos era una previa en algún piso, entrar a las 6 de la tarde a la discoteca (cerraba a las 11) y luego terminar con un post en un piso de estudiantes”, cuenta. En cuanto al ruido, el pamplonés no ha tenido ningún problema al funcionar de manera distinta ese tema en Finlandia. “A cada piso le pueden dar tres avisos hasta meterse en problemas y en nuestro piso no tenemos ninguno”.

La meteorología les ha jugado alguna mala pasada a los estudiantes de Erasmus en Helsinki. “Volviendo de casa de unos amigos a donde vivimos nosotros, íbamos corriendo a coger el tranvía porque lo perdíamos. Uno de nuestros amigos se cayó de espaldas en las vías del tranvía y nos asustamos mucho por si el conductor no le había visto y tiraba para delante”, recuerda el estudiante de Ingeniería Informática. Por suerte, el altercado no quedó en daños mayores.

Uriarte estudia cuarto de Ingeniería en la Universidad Pública de Navarra.

Respecto a los ligues, Juan afirma con alegría que su pareja sigue en pie. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de algunos compañeros suyos: “He visto como amigos ligaban mucho y parejas rotas a las tres semanas de venir o que han puesto cuernos”.

Juan no duda en recomendar la experiencia del Erasmus a cualquier estudiante que esté pensando en solicitar una plaza. “Le recomiendo a los estudiantes que hagan el Erasmus no solo a Finlandia, sino a cualquier sitio porque es una experiencia que merece la pena”. La de Juan se podría resumir como una vivencia única en todos los sentidos. Erasmus en estado puro.

Aritz Santamaría Sorbet

Lleva todo el curso de intercambio en Módena: “Aprendes a vivir lejos de tu familia y amigos, se lo recomiendo a todo el mundo porque es una experiencia vital”.

Aritz Santamaría Sorbet estudia tercero de Periodismo en Bilbao, en la Universidad del País Vasco. Pamplonés de 20 años, se encuentra de Erasmus en Módena ,en la región de Emilia-Romaña situada al norte de Italia. Al estudiante navarro no se le pasó por la cabeza cancelar el intercambio por la situación sanitaria. Sin embargo, sí que le entró su momento de duda a la hora de hacer la aplicación: “Te sientas a hablar con tu familia y dices: ‘El Erasmus es un pedazo de experiencia, pero igual hay que pensar en otra cosa”. La universidad, aún así, ofreció a los estudiantes el poder irse un cuatrimestre en lugar de cursar todo el curso. “Se me pasó por la cabeza ir solo un cuatri”, confiesa.

A pesar de quedar asombrado por las pocas restricciones en los primeros meses, desde enero se fueron endureciendo las medidas en Italia. A medida que la segunda ola avanzaba, “los bares empezaron a cerrar a las diez de la noche, seis de la tarde y ahora los han acabado cerrando”, cuenta Aritz. Por lo que buscan planes alternativos: “Hacemos reuniones en pisos de estudiantes que no es lo mismo que irte de bares, pero te lo pasas bien”. En los planes nocturnos, Aritz lo ve claro: “En España somos de buen beber, pero nos emborrachamos más cuando nos vamos al extranjero”. Dice entre risas que “una amiga húngara se puso de Whisky hasta arriba”. Los juegos que más éxito tienen según el estudiante son el ‘Yo nunca’ y ‘Verdad o Atrevimiento’.

Santamaría (derecha) es estudiante de Periodismo en Bilbao. Foto cedida por Aritz Santamaría

Después de tantos meses en Italia, Aritz ha podido vivir alguna que otra anécdota típica de estudiantes de Erasmus. “Una vez éramos como quince personas en un piso y el vecino llamó a la Policía. Al mirar la mirilla, los de la casa nos dijeron que nos escondiéramos. Unos fuimos a la terraza, otros a la cocina, por los cuartos… Y al final la Policía dijo que ya sabían que estábamos más de seis y que saliéramos. Salieron diez, en vez de todos los que estábamos escondidos, pero no hubo tanto problema como esperamos. Solo pidieron el DNI a trece personas por protocolo de tenernos controlados en caso de que hubiese algún foco de contagio”, relata el pestudiante de Periodismo.

En cuanto a ligar, el joven navarro es rotundo: “La verdad es que sí se liga más”. Aunque también ha visto cómo se acababa el amor de compañeros suyos: “He conocido a alguna pareja rota. Si tuviese que dar un consejo, sería que no fueses de Erasmus teniendo un compromiso porque al final conoces muchas personas y culturas y siempre te acaba atrayendo alguien”.

Por último, Aritz anima a vivir la experiencia del Erasmus porque te ayudar a crecer como persona. “Aprendes a vivir lejos de tu familia y amigos. Siempre recomendaré a la gente irse de Erasmus aunque sea tres meses porque es una experiencia vital, enriquecedora y te diviertes muchísimo”, asegura. Sin duda, Aritz ha podido vivir una etapa distinta en un año donde parecía imposible poder hacerlo. 

Elena López-Dóriga Zubeldia

“Mi primera opción era Brasil, pero me lo cancelaron y vine a Lisboa; tenía claro que no iba a cancelar el Erasmus porque es una experiencia que se da una vez en la vida”.

Elena López-Dóriga Zubeldia, estudiante de cuarto de Relaciones Internacionales en la Universidad de Navarra, estuvo el primer cuatrimestre viviendo en una residencia de en el centro de Lisboa. La joven de Pamplona vio en la capital lusa una oportunidad única para aprender portugués y vivir nuevas experiencias. “Mi primera opción era Brasil, pero la situación sanitaria se complicó allí y esperé a que me reasignaran en mi segunda opción que era Lisboa”, cuenta sobre su proceso de solicitud.

En Portugal las medidas contra la pandemia no se asemejaban en nada a las de España, a pesar de que luego cambiaría a partir de enero. “Cuando llegué había muy pocas restricciones y el uso de mascarilla no era obligatorio, luego fueron subiendo las restricciones hasta el punto de que el país se tuvo que confinar”, afirma Elena López-Dóriga. Las clases, distribuidas la mitad vía online, daban juego para que los estudiantes pudiesen ir a la playa y hacer excursiones: “Las clases online te permitían no perder el tiempo en ir y volver de la universidad, pero a las presenciales no fallaba nunca”. El objetivo de aprender el idioma del país hizo que las clases fueran “más exigentes” para Elena: “Quería aprender portugués y me cogí tres asignaturas que se daban en portugués. Tuve que hacer un esfuerzo extra para entender y, sobre todo, escribir los ensayos”.

Elena López-Dóriga: “Cuando llegué había muy pocas restricciones y el uso de mascarilla no era obligatorio, luego fueron subiendo las restricciones hasta el punto de que el país se tuvo que confinar”. Foto cedida por Elena López.

La situación de la vida nocturna en Portugal era similar a la de Italia. “En el primer cuatrimestre se podía salir de fiesta sin apenas restricciones. A partir de enero se tuvo que adaptar a quedarse en pisos o residencias de estudiantes”, explica.  Por la noche, el ‘Yo nunca’ también tiene éxito entre los estudiantes de Lisboa, pero Elena afirma que los estudiantes extranjeros tienen costumbres distintas a los españoles por la noche. “En España bebemos para socializarnos y estar a gusto con la gente. En los países anglosajones parece que el alcohol está en el centro de todo y lo hacen más por el desfase”.

El ruido “no fue un problema” según Elena, ya que “no llegaron a multar a ningún estudiante”. “Había un mirador muy chulo en Lisboa, en Bairro Alto, y ahí se juntaban muchos estudiantes de Erasmus a beber. Eran botellones de cientos de personas y a partir de que pusieron más restricciones era sentarnos ahí y cuando veíamos luces de un coche de Policía, podías ver a cientos de estudiantes corriendo dispersandose por todo Bairro alto”, cuenta entre risas.

Elena confirma lo que muchos se imaginan: en el Erasmus se liga más. “Te juntas con gente de tu edad con ganas de conocer personas y además, al estar lejos de casa te importa menos el qué dirán”, señala.

Por último, la estudiante de Relaciones Internacionales no duda en recomendar a otros en su situación participar en el Erasmus. “ Todas las experiencias hay que vivirlas una vez en la vida. Acabas haciendo muchos amigos, aprendes un idioma, conoces nuevas culturas y te enriqueces muchísimo”, añade. Asimismo, Elena valora que es una oportunidad de salir de tu zona de confort, ya que salir en Pamplona “está muy bien”, pero es interesante “descubrir cómo se divierten en otros países”. La experiencia de Elena incluye todos los ingredientes de un Erasmus: risas, amplitud de miras y crecimiento personal.

Eduardo Idoate Doménech

“Recomiendo la experiencia del Erasmus en pandemia, pero no es para todos; no es un año normal y los que estudiamos fuera hemos tomado una decisión arriesgada”.

Eduardo Idoate Doménech es un estudiante navarro de 4º de Ingeniería Mecánica en la UPNA y está pasando el último semestre de carrera en México. A lo largo del mes de enero, pasó por muchos baches para conseguir finalmente tener el intercambio en la universidad que había solicitado y lo consiguió…

“México era mi tercera opción. Puse dos destinos antes: Bruselas y Polonia. Tener aquí a mi hermano me facilitó la elección del destino ya que me animó a venir. Tenía dudas de si me lo podían cancelar al no poder ir a clases, pero él me garantizó que sí iba”, afirma Eduardo Idoate.

La universidad tampoco se lo puso fácil ya que quisieron cambiarle de campus para organizar a todos los de fuera en un mismo lugar. Sin embargo, Idoate optó por cambiarse a otra universidad para poder seguir en el campus que ya tenía mirado. “Les dije que tenía familia en Ciudad de México y eso me facilitó mucho para que me dejasen quedarme. Cuando vi que me aceptaron todo, me quedé mucho más tranquilo”, recuerda.

Eduardo Idoate: “México era mi tercera opción, puse dos destinos antes: Bruselas y Polonia”. Foto cedida por Eduardo Idoate.

Eduardo habla del plan de clases que está cursando y afirma que está muy bien organizado. Todas las clases son online, no hay una hora presencial a la que poder ir a clase, todo se sube a una página web, las clases, los exámenes, las tareas… “Es una plataforma que funciona muy bien y tienes que ir siguiendo el calendario para no perderte ni entregas ni exámenes. No hay ni siquiera clases online presenciales. De momento estoy aprobando todo. Eso sí, un 9.6 en México es un 8.7 en España, así que estoy muy contento”, señala el pamplonés.

Desde el segundo mes, vive en una residencia en el centro de Ciudad de México. Explica que es una especie de  “coliving”, en el que caben quince personas con gente de entre 20 y 40 años. “De momento, no he visto a alumnos españoles aquí porque en la universidad no hay muchos intercambios”, indica.

Respecto a la pandemia, en México hay pocas restricciones derivadas por la covid ahora mismo. La situación se ha tranquilizado desde febrero y se está abriendo casi todo. “En las ciudades han abierto incluso discotecas, la vacunación se está acelerando”, dice el estudiante de Ingeniería Mecánica. Eduardo contrasta las multas que se ponen en España por no cumplir con las medidas sanitarias con las de México, ya que allí las normas son “opcionales”: “No hay multas por no llevar mascarilla o no dejar distancia. Aquí todo va de solidaridad”, explica.

“Ahora mismo se puede hacer casi todo, sobre todo en los lugares más turísticos. Está todo abierto al 100%, hay muchas fiestas y partidos que se organizan entre personas”. En el país norteamericano ya hay eventos organizados como si se tratase de la antigua normalidad. “El otro día fui a una fiesta en un bosque, era una especie de festival, algo impensable en plena pandemia”, apunta. Eduardo comenta que ya se están organizando grandes festejos con gran afluencia de personas y los está disfrutando: “Se hacen bailes y rituales. La gente es muy mística, hacen tarot. A mí me salió que mi espíritu animal era el dragón y que la divinidad me persigue”.

“Me está sorprendiendo, pero aquí se liga bastante de fiesta. La gente que viene de turista, la mayoría franceses, es muy abierta y viene para disfrutar”. Estar conviviendo con gente de fuera ha hecho que Eduardo se pase todo el día hablando en inglés con sus compañeros de residencia.

La situación sanitaria en México se ha relajado y la hostelería ha vuelto a abrir. Foto cedida por Eduardo Idoate.

Eduardo ha aprendido varias cosas en este tiempo en México: “Como persona me veo más maduro. Al ser un intercambio en pandemia, he tenido que tomar mis propias decisiones, ya que si no hubiera covid, aquí una empresa me hubiera organizado todos los viajes que he hecho”. Irse fuera de casa te hace ser más responsable, seguir las clases online te aporta compromiso y responsabilidad extra. Nadie te organiza nada. Hay que decidir todo: “Es todo tan a tu medida que te hace plantearte cómo coger las riendas de tu propia vida”.

“Recomiendo la experiencia del erasmus en pandemia, pero entiendo que no es para todos. Todos los que estamos aquí sabemos que no es un año normal”. Pero no todo es fácil, la parte más dura es estar lejos de las personas queridas. “Echo de menos Pamplona, porque echo de menos mi familia, mis amigos y también un poco la tranquilidad. Aquí no paramos. La gente tiene el plan de volver a su casa después de todo esto y eso es lo que haré en Junio”, afirma Idoate.

Teresa López López

“Vivir sola te hace madurar, está siendo el mejor año de mi vida aunque estemos en pandemia, conoces mucha gente y viajas mucho”.

Teresa López López, estudiante de 3º de ADE Internacional en la UPNA se ha ido todo el año a Cracovia (Polonia). Cuando llegó, se asombró al ver que todo estaba como si estuviese en 2019. Ahora la situación es mala, pero el erasmus sigue y las fiestas “clandestinas” le han dejado alguna que otra experiencia…

La nota le hizo acabar en Polonia, aunque Teresa tenía otros planes inicialmente: “Cracovia no era mi primera opción de destino, era la segunda. De primera tenía Sidney, pero una compañera de clase con más nota que yo se llevó la plaza. Y menos mal, porque justo esa opción se canceló”.

Hasta finales de agosto, Teresa López veía que se iban cancelando plazas y no sabía si se iba a ir o no, cuando en un principio volaba a mediados de septiembre. “Me asusté mucho porque estuve dudando bastante si al final podía ir”, constata López, que nunca se planteó cancelar el Erasmus. Se quería ir sí o sí. Relata que ahora mismo la situación  del covid en Polonia no está muy bien, pero cuando llegó estaba mucho mejor.

Teresa vive en un edificio con muchísimos pisos de estudiantes y todos de Erasmus. Al principio no había casi ninguna restricción, entre septiembre y octubre todas las discotecas estaban abiertas e ibas sin mascarilla. En noviembre bajaron las restricciones, pero en febrero volvieron a subirlas. Cuenta que al principio iba mucho a clase pero conforme avanzaba el semestre dejó de ir tanto. “Mucha fiesta, muchos planes, nos intentamos adaptar a la situación y si eso estábamos más en casas, ya que como en invierno aquí hace frío pues al final era lo cómodo”, afirma la estudiante de ADE. Y es que, además, asegura que “la universidad aquí es bastante más fácil que la UPNA y hay bastante diferencia”.

“La universidad en España es mucho más difícil que aquí”. Foto cedida por Elena López López.

“Nos emborrachamos mucho más en España”. Así de claro lo tiene Teresa. “En las discotecas hay gente de otros lugares pero la mayoría son españoles. Vivo con una alemana y a ella y a sus amigos no les gusta salir tanto”. La cultura nocturna es parecida a la española: “Se juegan a muchos juegos míticos como la oca, el ‘Yo nunca’ y la pirámide”. Lo que hacen para salir de fiesta es alquilar airbnbs que están específicamente preparados para fiesta, están insonorizados y “ahí van la mayoría de erasmus y entran hasta 150 personas”. Sin embargo, la pamplonesa asegura que pese a que la Policía tiene constancia de ello, la situación nunca va a mayores.

Según cuenta Teresa, hay una ciudad a una hora de Cracovia que se llama Katowice en la que hay una discoteca clandestina: “Una noche un grupo de españoles que estaban allí encendieron una bengala dentro del local y saltaron las alarmas de incendio, nadie sabía porque habían saltado y se empezaron a escuchar montones de coches de Policía y bomberos. Estaban más de 100 personas corriendo que no sabían lo que estaba pasando y les perseguían los camiones de bomberos. Fue un show“, rememora.

Como en cualquier Erasmus, la gente “va a lo que va” y se liga bastante. “Es verdad que hay algunas parejas que se han roto pero otras también se han mantenido”. 

En cuanto a experiencias vitales, Teresa afirma que “vivir sola te hace madurar, al estar en un país desconocido. Recomiendo la experiencia de irse. Está siendo el mejor año de mi vida aunque estemos en pandemia y no esté siendo un Erasmus normal, aún así conoces a un montón de gente y sobre todo viajas mucho. Nunca había viajado tanto en avión, en tren, en coche…”

Irse de Erasmus en pandemia ha supuesto una oportunidad única de vivir en una especie de burbuja en la que los estudiantes han podido crecer mientras el mundo se quedaba, de alguna manera, parado

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